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El dólar ocupa de nuevo la cima del mundo

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El dólar es, desde la Segunda Guerra Mundial, la divisa sobre la que gira el mundo.

Es el valor más seguro y líquido del planeta, la moneda reserva por excelencia, el vehículo dominante para los negocios y el comercio, la unidad de cuenta para los cálculos económicos y la moneda de referencia para cotizar las materias primas como el petróleo o el oro.

El dólar es como la savia del sistema monetario internacional.

De hecho, alguna vez se pensó que el nacimiento del euro podría poner en riesgo la hegemonía del dólar, incluso que algunas divisas de los países emergentes más poderosos, como el yuan de China o el rublo ruso, podrían amenazar su estatus. Pero nada de eso ha sucedido.

El dólar emerge hoy, seis años después de la “Gran Recesión”, como la divisa más poderosa del orbe. Tras algunos titubeos, resultado de la masiva inyección monetaria de la Fed, el dólar vuelve a resplandecer en la cima del mundo.

Y es así porque ninguna economía ha resurgido de la crisis con el poderío estadunidense: su crecimiento se despliega a toda velocidad y ha retomado las riendas de la expansión mundial. Es de nuevo la locomotora del mundo, y ese músculo se refleja en un dólar preponderante y fuerte.

Mayor participación global. Su protagonismo en el escenario económico internacional va en aumento. Según el reporte trianual del Banco de Pagos Internacionales, el último de los cuales fue publicado en abril de 2013, el dólar estuvo involucrado en 87% de las transacciones en divisas mundiales comparado con 84,9% en 2010.

En el lado opuesto, la crisis de la deuda soberana en la Eurozona y las especulaciones sobre un rompimiento del euro ha disminuido la preponderancia de la divisa europea: aunque permanece como la segunda divisa más negociada, apenas se opera con ella en 33,4% de las transacciones mundiales, sustancialmente por debajo de la cuota de 39,1% observada tres años antes. .

Pero además, las divergencias de crecimiento en el mundo han resultado en orientaciones de política monetaria contrarias, de signo opuesto, mientras que en casi todos los rincones del mundo los bancos centrales imprimen dinero a destajo en un esfuerzo por alentar el crecimiento y espantar los riesgos de deflación, en Estados Unidos el banco central (Fed) se plantea cada vez con más severidad la posibilidad de subir las tasas de interés.

Los bancos centrales de China, Rusia, India, Canadá, Australia, Suiza, Turquía, o Perú, por nombrar los más relevantes, han recortado las tasas de interés en lo que llevamos de año.

De hecho, el Banco Central Europeo (BCE) se ha embarcado en un programa de compra de activos que incluye la adquisición de deuda soberana (QE) de al menos 1.1 billones de euros, cuyos detalles fueron divulgados el jueves pasado.

El programa inicia hoy con un ritmo de compra del orden de 60 mil millones de euros al mes, y se prolongará, al menos, hasta septiembre de 2016.

Crece expectativa de alzas. Un día después, el viernes, otro colosal dato de empleo en Estados Unidos calentó las apuestas de que la Fed subirá las tasas de interés en un futuro no muy lejano.

La mayoría de los miembros de la Fed considera oportuno hacerlo este año, y la probabilidad de que pueda acontecer en septiembre, implícito en el comportamiento de los futuros de los fondos federales, aumentó a 55% el pasado viernes, tras el dato de empleo, comparado con una probabilidad de 49% del jueves.

El dato de empleo de Estados Unidos, de nuevo, fue espectacular. Las cifras revelan que en febrero se crearon 295 mil plazas laborales, muy por encima de 235 mil puestos de trabajo que esperaba el consenso, lo que arroja un promedio mensual durante el último año de 275 mil empleos al mes.

De hecho, la tasa de desempleo se redujo en dos décimas, para ubicarse en 5.5 por ciento de la población económicamemnte activa, un nuevo mínimo de casi siete años y por debajo de lo estimado por los analistas (5,6%).

El único alivio provino de los salarios, quizás la variable más importante a observar, ahora mismo, en el dato de empleo por sus implicaciones inflacionarias: las remuneraciones por hora se incrementaron 0.1 por ciento en febrero, por debajo de la tasa de 0.2 por ciento que pronosticaba el mercado.

Con ese dato, las remuneraciones subieron a una tasa anual, respecto a febrero del año pasado, de dos por ciento, inferior a 2.1% del consenso y una desaceleración respecto a la tasa de 2,2% registrada en enero.

Los salarios siguen sin ser una fuente preocupante de presiones inflacionarias en Estados Unidos.

Fortaleza frente al euro. Aun así, la Fed está muy cerca de que se le agote la “paciencia”, ese vocablo que usa en sus comunicados de política monetaria para señalar que no planea un aumento de tasas inmediata.

Así, el temor de que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) incremente las tasas de interés pronto, a contracorriente de la expansión monetaria del BCE y otros bancos centrales del mundo, ha llevado al dólar al cielo. Mientras la tasa de diez años en Estados Unidos repunta a máximos de este año, mientras las de España, Italia y Portugal caen a nuevos mínimos históricos.

Por tanto, todo juega en favor del billete verde: la remuneración del dólar es mejor tanto en los activos ligados al crecimiento económico, como en los diferenciales de tasas.

Esa seducción del dólar, esa confianza que inspira la economía estadunidense, hace que la divisa estadunidense se dispare a velocidad de vértigo hacia la paridad con el euro. Sólo el viernes, tras el dato de empleo, el euro se desplomó 1,7% para cerrar en 1.0844 dólares por cada divisa de la zona euro, y que significó un nuevo mínimo de 11 años para la moneda europea.

Durante la semana, entre el BCE y el empleo, el derrumbe del euro fue de 3,1%, y acumula ya una racha de tres semanas consecutivas de caídas.

Según las estadísticas del mercado cambiario, en lo que llevamos de año, el euro se ha hundido 10,4%

Pero no solamente es el euro, también el real brasileño se ha despeñado 13,3% en el año, la lira turca 11%, el peso colombiano 8,1% y el dólar canadiense ocho por ciento.

Aspectos positivos para Europa. El índice del dólar spot, es decir, el que se refiere al mercado de mayoreo, que elabora Bloomberg y que sigue la evolución de la divisa estadunidense contra las monedas de sus diez principales socios comerciales, se ha apreciado seis por ciento en lo que llevamos de año y cerró el pasado viernes en su nivel más elevado desde 2004.

La depreciación del euro contra el dólar es una bendición para Europa, que necesita crecer vía exportaciones y generar inflación.

Alemania, favorecida por el euro barato, la caída del precio del petróleo y el vigoroso consumo de Estados Unidos, es una imparable máquina de exportación.

Pero toda la eurozona se ha beneficiado de un euro débil. En otras regiones se busca un nivel de equilibrio para sus divisas que fomente las exportaciones sin llegar a detonar presiones de precios.

Impactos del dólar caro. En Estados Unidos, sin embargo, el brillo del dólar genera algunas inquietudes, ya expresadas por algunos miembros de la Fed.

Una de las más preocupantes es que puede erosionar los beneficios corporativos de las grandes multinacionales y empresas tecnológicas que obtienen una proporción elevada de sus ventas del exterior al recibir menos ingresos en dólares en el momento de repatriar sus utilidades.

Ese problema ya se evidenció en los resultados del cuarto trimestre del año pasado, y el declive de Wall Street la semana pasada al compás del fortalecimiento del peso puede expresar también esa alarma.

Además preocupa el hecho de que un dólar fuerte encarece las exportaciones estadunidenses y puede así mellar su recuperación económica, asi como provocar desequilibrios de cuenta corriente.

Por el lado de las importaciones beneficiará al consumidor estadunidense, que obtendrá productos foráneos más baratos, lo que incitará a un mayor gasto de consumo.

A su vez, el abaratamiento de las importaciones ayudará a contener la inflación en Estados Unidos, lo que puede dar algo más de aire a la Fed para mantener las tasas bajas.

Pero hoy nadie discute al dólar: es por mucho la divisa más demandada y valorada, lo que plasma fielmente la realidad económica de estos días.

Desde su cumbre, el dólar y la economía estadunidense miran con señorío al resto de las economías del mundo.

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